Atención Psicológica.
  Depresión somatomorfa
 


Depresión somatomorfa: cuando en la depresión predominan los síntomas físicos

 

 

La depresión somatomorfa es una depresión en la que predominan los síntomas físicos funcionales; es decir, se trata de síntomas que no se deben a ninguna lesión orgánica.

Solamente las depresiones más leves cursan con síntomas somáticos, mientras que en las depresiones más graves predominan los síntomas psíquicos. Las depresiones somatomorfas pueden presentarse como una forma de comienzo de la depresión o pueden aparecer más tarde, como una depresión residual y tienden a cronificarse.

Síntomas físicos en la depresión

Los principales síntomas suelen ser el dolor y otras molestias sensitivas. Entre los síntomas más comunes se encuentran los siguientes:

  • Migraña común

  • Cefalea tensional

  • Constricción en la garganta

  • Dolor en el pecho

  • Opresión en el pecho

  • Dolor de espalada: dorsal, lumbar, cervical

  • Lumbociática

  • Dolor abdominal

  • Dolor pélvico

  • Dolores difusos

  • Picor genital

  • Taquicardia

  • Aumento de la presión arterial

El dolor crónico y la depresión se encuentran muy relacionados. En el 60% de estas personas, la depresión y el dolor se han desarrollado al mismo tiempo, lo cual permite interpretar el dolor como un síntoma depresivo; y en el 40% de las personas, el dolor aparece después, lo cual indica que la depresión puede ser una consecuencia del dolor (Romano y Turner, 1985). Las localizaciones más frecuentes del dolor son: cabeza, garganta, tórax, espalda y zona lumbar y pelvis.

Los síntomas localizados en la cabeza predominantes son la cefalea por tensión, a menudo acompañada de parestesias* de la cabeza y molestias en la nuca; y la migraña común, sin aura. Los episodios migrañosos pueden interpretarse muchas veces como episodios depresivos breves recurrentes.

En la garganta predomina el "globus faringeo", que consiste en la sensación de un nudo en la garganta, sin que exista una anomalía física.

En la espalda, aparece sobre todo dolor dorsal y lumbar, con extensión a una pierna, tipo lumbociática, en ausencia de una causa orgánica que pueda explicar el dolor. En este sentido, hay que tener en cuenta que en casi todas las personas existen anomalías en la columna vertebral, que no necesariamente producen dolor. No obstante,  muchas veces estas anomalías son utilizadas en la clínica  como explicación del dolor, aunque la depresión es el diagnóstico prevalente en el dolor crónico de la parte baja de la espalda.

Síntomas físicos relacionados con la falta de impulsos

La persona deprimida se siente debilitada y apática. Esto se da a tres niveles:

  • En el nivel más leve aparece una falta interna de motivación e intereses que lleva a la persona a sentirse aburrida y apática.

  • En el nivel intermedio se da una falta de reactividad a los estímulos externos, lo que hace que la persona se sienta como anestesiada o embotada.

  • En el grado más intenso, la ausencia general de estímulos, tanto externos como internos, lleva a la persona a sentirse paralizada.

Depresión por agotamiento

En relación con el apartado anterior se encuentra el agotamiento físico y psíquico (que pueden darse juntos o separados) y que suele coincidir con la depresión por agotamiento que puede aparecer tras la fase de agotamiento de la respuesta de estrés. Es decir, cuando el síndrome de estrés se mantiene durante mucho tiempo, el individuo se acaba agotando, apareciendo una depresión en la que predomina un cansancio intenso. La salida habitual de un estrés crónico no tratado consiste en transformarse en una depresión con falta de energía. Los síntomas somatomorfos propios de este tipo de depresión son los siguientes:

1. Síndrome de fatiga crónica.  

 

2. Trastornos digestivos: boca seca, náuseas, vómitos, indigestión, meteorismo, estreñimiento, diarrea, colitis. Síndrome del intestino irritable.

 
 

3. Trastornos circulatorios: sofocaciones, enlentecimiento del ritmo cardiaco.

 

4. Trastornos de la micción: aumento o disminución de la frecuencia y emoción de orina.

5. Inhibición sexual.

6. Caída del pelo: alopecia areata.

7. Enlentecimiento o retardo psicomotor.

Aproximadamente el 50% de las personas con fatiga crónica tienen también un diagnóstico de depresión (David, 1991). El cansancio depresivo persistente puede presentarse como falta de ganas de moverse o como fatiga  precoz y algunas veces se acompaña de dolores musculares, de manera similar a la fibromialgia.

En las personas con síndrome del intestino irritable predomina también el diagnóstico de depresión.

Síntomas que afectan a los sentidos

Pueden aparecer síntomas relacionados con la vista, olfato, oído, gusto, vivencia espacial y sensibilidad general. Entre ellos se encuentran los siguientes:

1. Vista: visión borrosa, pérdida de agudeza visual, moscas volantes.

2. Olfato. Temor o creencia de desprender olores desagradables.

3. Oído. Disminución de la agudeza auditiva.

4. Gusto. Pérdida del sabor de la comida.

5. Sensibilidad general. Disminución de la sensibilidad, descenso o aumento del umbral del dolor.

6. Vivencia espacial. Vértigos, mareos.

El vértigo depresivo se presenta en algunas personas como una ligera sensación de giro o movimientos de vaivén; con mayor frecuencia se produce una sensación de inseguridad del suelo e inestabilidad, o una sensación de mareo.

Trastornos del sueño

El tipo de insomnio que predomina en la depresión es el insomnio tardío, donde la persona se despierta demasiado temprano y luego no puede volver a conciliar el sueño.

El insomnio subjetivo es también muy frecuente en la depresión; al despertar, se siente cansado y con la sensación de no haber tenido un sueño reparador.

También puede producirse hipersomnia (exceso de sueño). Puede presentarse en forma de somnolencia durante el día, y suele estar asociada a aumento del apetito y del peso. Es el cuadro básico de la depresión estacional.

Los síntomas somáticos depresivos suelen empeorar por la mañana y se alivian por la tarde y se suelen acentuar cuando se perturba el estado climatológico. También suelen empeorar al comienzo de la primavera y en el paso del otoño al invierno. En las mujeres, el aumento  de la intensidad de los síntomas en la segunda mitad del ciclo menstrual, sobre todo tres o cuatro días antes de la menstruación, suele ser un indicio importante de depresión.


Fuente: Cuadros depresivos somatomorfos. F.Alfonso-Fernandez. Psicopatología, 22, 1 y 2 (23-24), 2002.


 



 

 
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